La comunidad del granito de arroz
by Krystal Morales Báez

Los Cadetes Efrad Arroyo y Williana García se encuentran listos para el Servicio de Nombramientos, donde conocerán su primera asignación como Oficiales del Ejército de Salvación. (Foto/Lu Lu Rivera)
Solo a meses de su graduación que se llevará a cabo durante nuestro Congreso 2026, los Cadetes Efrad Arroyo y Williana García, de la sesión Guardianes del Pacto, miran atrás y reconocen que su tiempo en el Colegio de Entrenamiento para Oficiales fué más que solamente preparación académica. Ha sido un proceso de transformación profunda, marcado por relaciones, comunidad y una experiencia espiritual compartida que los ha moldeado como líderes, pastores y futuros Oficiales.
Los Cadetes llegan al Colegio desde el Cuerpo de Willimantic, Connecticut, aunque originalmente son de Puerto Rico. Cuando se les pidió que identificaran una relación de mentoría o de compañerismo dentro del CFOT que hubiera sido esencial en su proceso, la respuesta no fue un nombre específico, sino una comunidad completa: no podían reducir su experiencia a una sola persona. Para ellos, la formación no provino de una figura singular, sino de una aldea entera que constantemente deposita algo valioso en sus vidas. Describen el CFOT como un espacio donde “cada persona aporta su ‘granito de arroz’”, desde Oficiales y mentores hasta el personal de mantenimiento. Cada persona con quien se relacionan refleja con su ejemplo algo del carácter de Dios. En ese ambiente, los gestos cotidianos como una conversación en el pasillo, una palabra de ánimo o una oración compartida, se convierten en piezas esenciales de su crecimiento, contribuyendo así a la obra que Dios está formando en ellos.
La diversidad del Colegio también fue clave en su preparación para el oficialato. Rodeados de culturas distintas, los Cadetes Efrad y Williana aprendieron a acercarse al prójimo con respeto y curiosidad. Lo que inicialmente parecía una barrera para la comunicación se convirtió en una oportunidad para crecer y conocer más sobre el prójimo. Esta experiencia los ha preparado para servir en cualquier contexto, entendiendo que el Evangelio trasciende culturas y lenguajes. Como expresa Williana: “Para mí eso es algo bonito, que aunque seamos tan diferentes tenemos un solo propósito, una misma visión y como aun en la diferencia nos podemos unir y podemos trabajar.” En esa unidad dentro de la diversidad, reconocen una verdad esencial: es Dios quien los une en una misma misión, preparándolos para servir con amor en cualquier comunidad a la que sean enviados.

“Sentimos mucha paz al ver que no estamos solos, que tenemos una aldea completa que nos apoya en este trayecto. Eso ha sido de bendición en estos dos años de esta experiencia,” relata la Cadete Williana. (Foto/Eli Morgan)
Dentro de su formación en el CFOT, la vida espiritual comunitaria ocupa un lugar central, especialmente a través de los grupos de formación espiritual. En medio de la carga académica y las exigencias del diario vivir, estos encuentros se convierten en espacios de profundo refrigerio y crecimiento. La intimidad que existe entre los Cadetes fomenta una transparencia poco común, donde los colegas se pueden hacer preguntas entre si sobre sus vidas espirituales con gracia y confianza. Como ellos describen, es un espacio donde “hierro con hierro” se afila, mientras se vive una transformación tanto personal como comunitaria y se acompaña a cada Cadete en el proceso. Estos momentos reflejan una comunidad que crece unida, aprendiendo a sostenerse espiritualmente unos a otros.
Al conversar con los Cadetes Williana y Efrad, una de las cosas que se observa es cuán conectados están a su fe. Se percibe en la manera en que hablan, en el conocimiento que tienen de la Palabra, en su vida de oración, sus tiempos dedicados a los estudios bíblicos y los espacios sagrados que forman parte de su rutina diaria, como lo es la capilla y las reuniones de santidad. A veces existe la idea de que, al comenzar un proceso de estudios religiosos, la fe puede enfriarse por volverse demasiado académica. Sin embargo, al escucharlos, queda claro que no es así en el CFOT. Su formación en el Colegio no ha apagado su fe, si no que la ha profundizado, y la ha hecho más concreta. Más que ser vistos como líderes, Williana y Efrad están emocionados de ser pastores que caminan junto a su comunidad.
“Quiero cuidar de un rebaño”, dice Efrad. Tienen corazones dispuestos a aprender, amar y servir, y están listos para cuidar, guiar y pastorear el rebaño que Dios pondrá en sus manos. Continuamos orando por los Cadetes Williana y Efrad, y por todos los Guardianes del Pacto.

“Siempre aquí hay algo que está sucediendo que te está formando. Cada persona forma algo en ti diferente y eso te mantiene en un continuo crecimiento,” comparte el Cadete Efrad sobre la comunidad del CFOT. (Foto/Lu Lu Rivera)

