Cuando una madre decide creer

by Minerva Colón-Pino

(Foto/Kevin Diaz)

Para Yolanda Ciriaco, Dios siempre fue el pilar y la fortaleza que sostuvo su vida. Después de Él, nada ocupa un lugar más importante en su corazón que sus hijas. Sin embargo, llegó un momento en que esa fe y ese amor inquebrantable serían probados de manera dolorosa. Fue entonces que Yolanda comprendió que amar y proteger a sus hijas le exigiría renuncias y sacrificios que jamás imaginó tener que hacer.

Hoy, Yolanda Ciriaco es cadete en el Colegio de Entrenamiento para Oficiales. Es una mujer trabajadora, comprometida con su formación espiritual y agradecida por el entorno de paz y seguridad que hoy disfruta. Poder ofrecerles ese mismo entorno a sus hijas se ha convertido en una prioridad absoluta, especialmente porque el camino para llegar hasta allí estuvo marcado por grandes desafíos.

Yolanda y sus hijas disfrutan juntas en un entorno saludable. (Foto/Kevin Diaz)


Durante mucho tiempo, Yolanda postergó la decisión de servirle al Señor a tiempo completo. No fue sino hasta principios del 2022 que finalmente dio ese paso de fe. De inmediato le advirtió a su familia que debían estar alerta, pues sabía que su decisión de comprometerse con el Señor, sin duda provocaría un ataque de parte del enemigo. Sin embargo, su fe permanecía firme. Aun así, jamás imaginó cuán intensa sería la prueba que enfrentarían.

El hogar, lugar seguro

Criada entre familiares en ambientes que muchas veces fueron disfuncionales, Yolanda aprendió desde niña a conservar lo bueno de cada experiencia. La figura materna siempre fue el centro del hogar, y su mayor ejemplo fue su abuela, quien también le enseñó a amar al Señor. El hogar de sus abuelos representaba estabilidad; para Yolanda no existía un lugar más seguro. Por eso, decidió criar a sus hijas de la misma manera, rodeadas de familia, en el seno del hogar donde nacieron y comenzaron a crecer.

Sin embargo, unos meses después que decidió servir al Señor a tiempo completo, aquella sensación de seguridad que disfrutaba desapareció en un instante. Sus hijas le revelaron sucesos terribles que habían ocurrido dentro del hogar, una confesión que la obligó a enfrentar a su propia familia. “Ellos no querían que yo les creyera a mis hijas”, explica Yolanda. Pero para ella, esa no era una opción. “Yo elegí, creerles, porque ellas lo valen todo para mí”, afirmó. Esa decisión marcó un punto clave para Yolanda y sus hijas. La decisión de creerles significó que tendría que renunciar a los vínculos familiares que siempre sostuvo había atesorado desde niña. Con una convicción firme, Yolanda se apartó de la mayoría de sus familiares, dejando claro que la seguridad de sus hijas estaba por encima de todo. Y aunque esa decisión fue dolorosa, el sacrificio no terminó allí: continuó en el proceso largo de sanidad, y en la búsqueda incansable de entornos verdaderamente seguros.

Creerles tuvo precio

El mundo que Yolanda conocía se había derrumbado. Los acontecimientos dieron inicio a un periodo de profunda depresión, ira y quebrantamiento. Aunque llegó a sentir enojo con Dios, la rabia que sentía hacia sí misma era más intensa. “Sentía que le había fallado a mis hijas” explicó. A pesar de contar con una formación profesional que la había preparado para identificar el abuso, no pudo reconocerlo en su propio hogar. El sentimiento de culpabilidad comenzó a consumirla.

Un proceso de sanidad

De no haber sido por su fe arraigada en Cristo y el conocimiento del Señor Yolanda reconoce que no hubiera podido sobrevivir. Fue un proceso muy difícil de crecimiento personal, en el que, además de enfrentar su propio dolor, también tenía la responsabilidad de atender las necesidades emocionales de sus hijas. “Dios tuvo que trabajar en mi corazón” confiesa.

En medio de su lucha, Yolanda enfermó físicamente, lo que complicó aún más la situación. Luego de consultar los médicos, supo que algo tendría que cambiar de inmediato si deseaba continuar protegiendo y criando a sus hijas. Ellas también sufrían mucho, ya no eran felices y vivían en un constante estado de temor. La situación había llegado a un punto crítico, pero Yolanda seguía aferrada del Señor. Con la ayuda de Dios y su misericordia, comprendió que la clave para sanar su alma y su cuerpo era el perdón y comenzó por perdonarse a sí misma.

“El Señor me ayudó a entender que yo siempre había cuidado de mis hijas y no podía controlar las acciones de los demás” relata. A partir de ese momento, Yolanda y las niñas comenzaron a recibir ayuda profesional.

Después de atravesar este proceso de sufrimiento y restauración, Yolanda tuvo que tomar aún más decisiones difíciles. Abogada de profesión, sabía lo que por lo general se aconseja en situaciones como esta. Sin embargo, junto a sus hijas, decidió no tomar acciones legales. “Exponerlas a ese proceso no era algo que deseaban. Optamos por sanar” afirmó. Aun así, de su dolor nació un propósito: contribuir a que otras niñas fueran liberadas. Con el permiso de sus hijas, decidió compartir su testimonio públicamente.

Yolanda comparte su testimonio durante el fin de semana de candidatos en el Colegio de entrenamiento para Oficiales. (Foto/Eli Morgan)


Para la Gloria del Señor, Él ha liberado y sanado a Yolanda y a sus hijas de gran parte del sufrimiento vivido. Aunque recordar lo ocurrido todavía duele, ya no las paraliza ni las domina la amargura. Esa sanidad es la que hoy le da la fortaleza para hablar de lo sucedido.

Durante el fin de semana de Candidatos, un tiempo en el que los soldados adultos del Ejército de Salvación contemplan la posibilidad de servir como Oficiales (pastores), Yolanda compartió su testimonio con los presentes. Fue una decisión valiente que tuvo un impacto inmediato. Varias personas se le acercaron para contarle que habían vivido situaciones similares o que estaban atravesando lo mismo en ese momento. Su testimonio se convirtió en fortaleza para quienes también debían sacrificarse y tomar decisiones difíciles por el bienestar de sus hijos.

Esperanza para el futuro

Para muchas madres lo más importante en la vida son sus hijos, y no resulta inconcebible sacrificarlo todo, como lo hizo Yolanda, para asegura su protección y bienestar. Sin embargo, ella considera que lo más importante que hizo por sus hijas fue algo tan simple y a la vez profundo como creerles. “Le diría a cualquier mujer que está pasando por una situación similar y cuyos hijos le cuentan sobre este tipo de conducta, que les crean. Los niños por lo regular dicen la verdad” afirma.

Hoy Yolanda ha comenzado a ver el fruto de sus sacrificios. Disfruta de la bendición del Señor y en sus propias palabras expresa con alegría la satisfacción de ver a sus hijas libres, felices y sin miedo. “Ver el cambio positivo de mis hijas, verlas tocar instrumentos musicales, hablar de la Palabra de Dios y adorar en un altar es lo más que atesoro. Soy feliz porque veo a mis hijas felices”, comparte con una gran sonrisa.

La palabra de Dios es esencial en la vida de Yolanda, y le encanta enseñarla y compartirla con sus hijas. (Foto/Kevin Diaz)


Al pensar en el futuro, Yolanda no vacila. “Deseo que mis hijas nunca se aparten de Dios, puesto que ese es su lugar seguro. Que no demuestren una fortaleza tan grande que les impida recibir ayuda. Que aprendan a ser vulnerables con las personas correctas, comenzando con Jesús. Quiero que amen sin miedo y no permitan que una mala experiencia sea el parámetro que usen para definir la vida. Quiero que sean felices y que siempre expresen su verdad porque como dice la Palabra de Dios en Juan 8:32, “… conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”.

Hay momentos en los que las pruebas que enfrentamos son tan abrumadoras que llegamos a creer que pueden destruirnos. Sin embargo, como cristianos nos aferramos a la verdad inquebrantable que conocemos; nosotros servimos al Dios Todopoderoso, un Padre fiel, misericordioso y amoroso que nos ama profundamente. Cuando recurrimos a Él, descubrimos que siempre está dispuesto a ayudarnos, a protegernos, a renovar nuestras fuerzas y a sanar nuestros corazones cansados. No hay duda de que fue el Señor el que sostuvo a Yolanda durante esta prueba. Con su misericordia y el valor que le concedió por medio de su gracia, ella pudo perseverar. Esta jornada también le enseñó el poder del perdón. A medida que dejaba atrás la amargura y el dolor que cargaba pudo encontrar liberación, sanidad y paz. “No perdoné porque quería, sino lo hice porque Dios me perdonó a mi primero…Dios ha sido fiel”. El perdón restauró su corazón y dio paso para que la gracia de Dios obrara plenamente en su vida, permitiéndole compartir su testimonio para la gloria de Su santo nombre.

Toda la gloria sea para Dios.

 

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