El hierro se afila con el hierro

by Krystal Morales Báez

Los Cadetes Mario Dino y Raisa Santos continúan creciendo en comunidad, oración, propósito y fe mientras finalizan sus estudios en el CFOT y se preparan para su primera asignación como Oficiales del Ejército de Salvación. (Foto/Dyana Van Campen)


A solo meses de su graduación en junio de 2026, los Cadetes Mario Dino y Raisa Santos, de la sesión Guardianes del Pacto, hablan con una mezcla de emoción y gratitud por el camino que los trajo hasta aquí. La formación que han vivido en el Colegio para Entrenamiento de Oficiales (CFOT) es más que solamente académica. Al hablar con ellos, es evidente que sus experiencias han sido profundamente marcadas por la comunidad diversa en la que viven y que la presencia de Dios ha sido constante.

El llamado al oficialato de estos Cadetes no es nada nuevo. Sin embargo, ambos describen al CFOT como el espacio donde ese llamado ha sido moldeado y fortalecido. “En el CFOT tú no estás solo. Cada Oficial que está aquí está pendiente de ti y está orando, y te lo dicen y se acercan y tú no te sientes desamparado. Realmente en cada Oficial tú ves a Dios en este lugar,” comparte la Cadete Raisa.

Raisa recuerda momentos en los que pudo experimentar el cuidado de Dios a través de otros, aún cuando había diferencias en lenguajes. Relata cómo, en medio de una lucha espiritual, entró a la oficina de una Oficial que hablaba otro idioma. No hubo muchas palabras, pero sí lágrimas, oración y restauración.

Esa experiencia señala una de las lecciones más profundas que ambos han aprendido: las relaciones que agradan a Dios no se limitan por cultura, idioma ni experiencias vividas. En el CFOT, donde los Cadetes representan más de siete nacionalidades, la diversidad se convierte en un reflejo del mundo al que serán enviados.

La convivencia diaria entre los Cadetes, que incluye conversaciones, oración compartida y hasta debates sobre la Palabra, ha redefinido para ellos lo que significa vivir en una comunidad cristiana. Al caminar juntos día tras día, los Cadetes logran sacar lo mejor unos de otros, como dice Proverbios 27:17: “El hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre.” Ya sea en las celebraciones, en la enfermedad, en el conflicto y en la vulnerabilidad, la comunidad compartida es el espacio donde el carácter se forma y la fe se engrandece.

La vida espiritual comunitaria en el CFOT es activa y constante. Entre clases, capillas, devocionales matutinos, grupos de formación espiritual y momentos espontáneos de oración, se observa una disciplina espiritual viva y floreciente. De hecho, cuando les pregunté cómo comparten esa vida espiritual entre colegas en el CFOT, la Cadete Raisa no dudó en responder con una sonrisa y una invitación inmediata: “¿Quieres venir?”. Ese gesto sencillo revela una verdad profunda: la comunidad de fe en el CFOT no es cerrada ni exclusiva, sino abierta a todo aquel que desea participar. Después de reírnos por su respuesta tan genuina e inclusiva, el Cadete Mario añadió con convicción: “nuestra vida devocional de verdad es el motor de todo lo demás. Sin eso, no podemos estar aquí, y creo que en ningún otro lado”.

Para los Cadetes Mario y Raisa, el llamado a servirle a Dios está presente hace tiempo, pero fue en el CFOT donde ese llamado se ha desarrollado y fortalecido. (Foto/Dyana Van Campen)


Esa vida espiritual no se limita a los espacios programados, sino que se extiende a los pasillos, a los hogares y hasta los momentos de compartir una taza de café. En esta comunidad, la oración, el compañerismo y la búsqueda de Dios se vuelven parte del ritmo diario. Es una fe que se vive en comunidad, que se comparte y que sostiene a los Cadetes a través de los momentos más difíciles de su jornada al oficialato.

Junto a esa vida espiritual compartida, también emerge un crecimiento personal profundo en la manera en que entienden y practican su relación con Dios. Raisa lo describe como un descubrimiento constante, compartiendo algunas de las cosas que ha aprendido sobre la oración y las disciplinas espirituales. “Uno crece más aquí en el sentido de que uno conoce una diversidad de disciplinas espirituales. Diferentes maneras de orar, que yo no conocía antes. Yo oraba, pero no sabía todos los métodos de oración que hay. Hemos aprendido mucho, hay mucho que dar, y no estamos solos.”

Lo que antes podían haber experimentado como una práctica individual, en el CFOT se transforma en una experiencia rica, diversa y profundamente comunitaria. La relación con Dios deja de ser un camino solitario y se convierte en un espacio compartido donde se aprende unos de otros, se adoptan nuevas formas de buscar a Dios y se fortalece una fe que no solo se sostiene, sino que se crece en comunidad.

“La comunidad del CFOT es el ambiente que nos ha enseñado a vivir en relación unos con otros. En medio de la multiculturalidad, nos hemos preparado para servir mejor,” comparte Raisa. (Foto/Eli Morgan)


Al escucharles, una cosa se vuelve evidente: estos Cadetes no solo están siendo entrenados para liderar, sino también para pastorear. Su mirada hacia el futuro no está centrada en los programas o en los cuerpos que administrarán, sino en las personas que servirán y pastorearán.

“Ya estamos orando por la iglesia que Dios nos va a dar”, comparte el Cadete Mario. Sin saber el lugar, ya sienten amor. Sin conocer a la comunidad, ya están orando. Sus corazones están abiertos, listos para servir, aprender y construir junto a la congregación a la que servirán.

Al final de nuestra conversación, queda claro que su paso por el CFOT no solo los ha preparado para asumir un rol, sino para vivir un llamado con humildad, intención y propósito. Como lo expresa Raisa: “Vamos abiertos a aprender y tambien a enseñar todo lo que hemos recibido. Como me dijo Dios: te voy a llevar para que aprendas a hacerlo bien, y asi puedes enseñar a otros a hacerlo mejor”. En esas palabras se resume su visión del ministerio: una entrega constante, un aprendizaje continuo y un compromiso genuino de compartir con otros lo que primero fue sembrado en ellos.

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